LA SIESTA PERFECTA

Mucho se ha especulado en los últimos años sobre el beneficio de descansar un par de minutos después de la comida y lo productivo que resulta ese pequeño descanso en medio de la jornada laboral. Los chinos lo llaman “La infidelidad de Occidente”, ya que como en ocurre en la parejas, tras un breve “brake”, se vuelve al trabajo con las mismas ganas y con ideas nuevas.

Desde que los primeros hombres consiguieron erguirse para ponerse en pie y caminar, necesitaron sentarse un poquito a descansar y en la península ibérica con “la calor” que hacía, en vez se sentarse, se tumbaron la siesta a la sombra de los pinos. Primero fueron minutos y a medida que se iban acostumbrando al placer del descanso, alcanzaron las deseadas dos horas y media que todo ser humano debería probar al menos una vez en la vida. Desde entonces, la siesta se ha ido extendiendo por todo el globo terráqueo y son muchos quienes se han sumado a este descanso de lunes a viernes, pudiéndola ampliar un poquito más los fines de semana. Humildemente, por la experiencia que tenemos en este campo y las investigaciones llevadas a cabo a lo largo de los meses, recomendamos que te eches este tipo de siesta los viernes o sábados, siempre y cuando no vayas a trabajar al día siguiente, de lo contrario… por la noche verás pasar todos los minutos del reloj hasta que consigas quedarte dormido, lo que hará que necesites dormir otra siesta igual al día siguiente… y así durante una semana entera hasta que cambies tus horas de sueño y te conviertas en una azafata de Easyjet o en un Tronista de “mujeres y hombres” en La Posada.

Algunos de nosotros hemos experimentado el placer de dormir más de tres horas de siesta. De hecho, cuando lo consigues te envían un diploma compulsado por Felipe VI como español de ejemplo y derecho. Desde Haul, vamos a darte las claves para reconocer perfectamente “La siesta perfecta”.

Todo comienza con “La batalla de los párpados”. Sí, esa lucha titánica que mantienes contigo mismo durante al menos 30 interminables segundos, intentando abrir los ojos como si de un búho se tratase, para que evitar que los párpados no caigan sobre tus pupilas. Finalmente, exhausto y resignado, accedes a cerrar los ojos invadiéndote de inmediato una sensación de placer que invade cada recoveco de tu cuerpo.

En el segundo paso, tras haberte rendido a los párpados, decides mejorar tu posición horizontal, permitiéndote permanecer cómodamente el mayor tiempo posible en lo que hemos llamado “Gravedad cero”. Esta etapa consiste en introducirse en un estado cercano a la hipnosis, en el que ni la luz del sol de las 4 de la tarde consigue incomodarte, es más podrías estar de cara a la ventana con los ojos cerrados vislumbrando esa claridad al más puro estilo “túnel del más allá” sin que te llegase a molestar o cejar en tu empeño de dormirte. En esta etapa las conversaciones con Morfeo, ni siquiera se producen, tienes tanto sueño que no eres capaz ni de pronunciar sonidos.

El tercer paso es el gran desconocido, ya que todavía no ha sido descubierto. Científicos de la universidad de Oxford están inmersos en la búsqueda para averiguar qué ocurre en esta fase ya que nadie ha sido consciente ni ha conseguido recordar su experiencia en esta desconocida zona. Efectivamente, la llamamos “La peligrosa” ya que es la fase reina de la vulnerabilidad. Estás indefenso ante hermanos, mascotas y canales de televisión. En este momento cualquiera puede adueñarse del mando de la tele y quitarte el tan deseado documental sobre la reproducción del colibrí americano que tanto te interesa. Aunque en el caso de que tengas hermanos, la lucha es aún peor, ya que podría adueñarse de tu imagen sin cesión de derechos y enviarle a tu familia tu angelical rostro dormido con la baba empapando la funda estampada del sofá.

Posteriormente existe una fase sobre la que se está empezando a estudiar, la llamada “post mortem” es la que más riesgo conlleva, ya que debes reubicarte en el espacio tiempo y volver a calcular distancias, espacios y recordar caras de familiares y amigos. Esta fase se caracteriza por la realización de movimientos lentos y cortos y tiene el peligro de volver a encontrar la postura idónea y caer nuevamente en la peligrosa fase anterior. Cabe destacar que solo algunos afortunados consiguieron doble título al enlazar dos horas de siesta con otros 45 minutos más de descanso. En ese caso, tras recibir el diploma firmado por parte del rey vigente, te envían a un especialista a domicilio y comienza la fase “rehabilitación”, en la que mediante máquinas, aquagym y logopedas, consigues volver a recuperar la capacidad de andar y de hablar.

Justo un minuto finalizada la anterior fase, comienza la llamada “depurativa”, en la que todo tu cuerpo se llena de un líquido reconocido por su característico olor salado, llamado sudor. Todas las partes de tu ser y las que no lo son, se llenan del líquido transpirado. Has permanecido más de dos horas soportando altas temperaturas y tu cuerpo se ha encargado de equilibrar la temperatura corporal, pero ahora, una vez despierto, te toca a ti encargarte de sofocar todo ese calor que emana de tus poros, teniendo que ir al servicio para secarte. Ya que estás en el aseo, decides subirte a la báscula y descubres que, milagrosamente, has perdido más kilos que Falete con la dieta Dunkan. El récord de peso máximo perdido se sitúa en los 2 kilos 200 gramos por siesta.

Como colofón a la que ha podido ser “la siesta del año”, llegamos a la última fase del periodo llamada “dromedario africano” y es que en cuanto sales del servicio, acudes directamente a ese oasis en medio del desierto que es la nevera, para beberte de un trago la jarra de dos litros de agua fría que invade tu estómago, tu hígado, riñones y hasta la joroba.

Esperamos haberte ayudado a reconocer los síntomas de la siesta perfecta con estas sencillas fases y si todavía no lo has experimentado, te recomendamos que lo intentes, ya que todos debemos vivirlo al menos una vez en la vida.

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