#MIVIDASINSEXO

Cuando pensé en realizar una serie de reportajes tanto en vídeo como escritos, tenía en cuenta que debían versar sobre asuntos de importancia en mi cabeza. Con esto no quiero decir que el sexo sea el foco de mi vida, pero sí que es verdad que cuando tienes mi edad – 24 años – lo que dicen ‘tener las hormonas revolucionadas’ no es tanto un simple dicho popular, sino más bien una realidad. O al menos en mi caso. Y es por ello por lo que quería comenzar poniéndome a prueba en lo que se refería al sexo. Una situación personal que tampoco voy a entrar a detallar hizo que este último verano tuviera el sexo más tiempo de lo normal en la cabeza. Y quise frenarme. No solamente en lo que se refiere a mantener relaciones sexuales con otras personas, sino también en lo que podría denominar como darme ‘autoplacer’. Iba a prohibirme mantener todo tipo de actitud sexual durante todo el tiempo posible. Sin límite. Ponerme a prueba en lo que se refiere a duración en el tiempo. Y aquí tengo que matizar algo. No es lo mismo no poder, a poder y no querer hacerlo. Me explico: cuando le comentaba el reto a mucha gente, se ponían a ellos mismos como ejemplo de poder realizar esa abstinencia sexual sin problema, como cuando se iban de vacaciones con sus padres o amigos. Y quiero matizar esto porque si algo he sacado en claro de este reto es que cuanto más nos prohibimos a nosotros mismos hacer algo, más ganas tenemos de realizarlo. Y con el sexo no iba a ser menos.

Podría describirme a mí mismo como alguien muy sexual en todos los sentidos. No solamente me gusta practicarlo conmigo mismo y con los demás, sino que me gusta que no sea un tema tabú en conversaciones. Soy del pensamiento de que el sexo debe ser algo completamente normal y natural, y el hecho de que pueda salir en una conversación no debe cortarte a la hora de hablar de ello. No si te refieres al tuyo propio, porque con respecto al sexo de los demás nos cuesta demasiado poco hablar, cosa que comentaré más adelante. El caso es que un 18 de julio decidí dejar de masturbarme y a su vez dejar de estar abierto – sin malinterpretaciones lingüísticas – a mantener sexo con otras personas. ¿El resultado? 15 días de pobre abstinencia donde no solamente me di cuenta de lo que el sexo influye en mi vida, sino también me di cuenta de lo hipócrita que es esta sociedad en la que hoy en día vivimos. Los primeros días estaba muy optimista, pero eso me duró poco. No sé qué relación tendrá, pero el ánimo comenzaba a bajarme a pasos agigantados durante el resto de días. Y quizás es que el sexo ocupa tanto espacio en nuestras cabezas que cuando lo intentamos omitir, todo lo demás comienza a hacerse un hueco más grande. Y a lo que puede suponer una preocupación por no tener sexo se añaden todas las que escondemos detrás de él. Finalmente, el día 15 del reto volví a tener sexo con otra persona. Y no me sentí mal del todo, pero sí que pensé de mí mismo lo triste que era que el sexo influyese tanto en mí. Pero aquí no solamente influían mis ideas.

Durante los 15 días que duré en el reto, muchas fueron las personas que tildaron de ‘absurda’ la idea de que decidiese vivir en abstinencia todo el tiempo posible. Había gente que me provocaba para que cayese de nuevo, otros simplemente no lo entendían, y sin embargo, hubo una parte de gente que no solamente me entendía, sino que vivían en abstinencia voluntaria, y realmente entendían el por qué de este reto. Pedí ayuda en un vídeo en Twitter requiriendo gente que quisiera colaborar conmigo contándome su historia, el por qué decidían vivir en abstinencia. Y desde gente asexual a personas que aún creían que amor y sexo debían ir unidos, todos comprendían el por qué de mi reto. No se trata de una necesidad, sino de una decisión para poder llevar a cabo otras necesidades. Y es aquí donde comenzaba a indignarme. Las personas en su mayoría entienden que alguien mantenga sexo de manera constante, y hasta llegan a envidiarlo. ¿Pero y en el caso contrario? ¿Por qué no es comprensible que alguien no mantenga sexo por decisión propia? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nadie? Las personas con las que hablé llevaban su abstinencia en secreto porque se sentían juzgados – o incluso ridículos – al hablarlo con los demás. Normalmente, la abstinencia se lleva a cabo por varios motivos, pero uno de los que más me impactó fue por experiencias traumáticas. Simplemente el hecho de que una persona haya sufrido manteniendo sexo ya es algo que debe costar olvidar. Pero si encima no pueden compartirlo con nadie por miedo a ser juzgados, me parece cuanto menos vergonzoso.

Es el lado malo que saco de este reto  – independientemente del personal, que como bien he dicho trajo a mi vida problemas que creí estar superando -. He descubierto una sociedad tremendamente hipócrita, una juventud que se las da de liberal pero que en el fondo se queda en eso, en el palabrerío. No podía creer que las personas con las que hablé pudieran tratar el tema de su abstinencia conmigo de una manera completamente normal porque ‘no me conocían’. ¿Cómo vamos a ir bien si confiamos más en un desconocido que en una persona que se supone de nuestro círculo más cercano? Pensamos que lo tenemos todo hecho en el sexo y a la hora de la verdad seguimos siendo igual de clásicos que las generaciones anteriores. Juzgamos comportamientos distintos a los nuestros y hacemos que los tabús sexuales de los demás vayan a más. Nos reímos sin contemplaciones de los problemas de los demás, siempre y cuando nuestra vida sexual según nosotros vaya bien. Y no solamente eso, sino que tenemos la cara de pedir más derechos sexuales, cuando sin embargo no entendemos que alguien por su religión – por ejemplo – decida vivir en abstinencia sexual hasta el matrimonio. ¿Por qué entendemos que alguien folle sin parar, y sin embargo no lo hacemos con la gente que decide no practicarlo? Quiero recalcar que siempre hablo desde la voluntariedad de la abstinencia, no desde la imposición de la misma, OJO. Pero me entran los siete males cuando veo que hay personas capaces de juzgar comportamientos sexuales ajenos a la vez que piensan que el suyo debe ser casi doctrinario.

Me considero parte de la generación del cambio, de esa que ya no entiende de identidades sexuales, sino de identidades personales. Que llama a las personas por su nombre, y no por sus gustos o preferencias. De esa generación que no entiende la guerra de sexos que hoy en día ya ni si quiera debería existir. Pero me he dado cuenta que la generación del cambio será la siguiente, no la nuestra. Y si no, haced la prueba. Uníos al reto #MiVidaSinSexo y descubrid lo poco que os van a entender, y lo incomprendidos que os vais a sentir. Os reto a ello, de verdad. Y en unos meses, si la convocatoria tiene éxito y después de comentar vuestras experiencias, volveré a escribir un artículo viendo si realmente fui yo la única persona que lo vio desde ese punto de vista, o realmente hay algo que cambiar. Escribir en Twitter a través del Hashtag #MiVidaSinSexo y haced el reto que hice yo y compartidlo con vuestro entorno. Aguantad todo el tiempo que podáis sin masturbaros ni mantener sexo, y después contadme vuestra experiencia. Desde HAUL os animamos a hacerlo.

David Marañon

Written by

De pequeño no sabía lo que quería ser, lo único que hacía era no perder el tiempo. Con casi 25 años actúo igual, sin profesión fija pero con ganas de hacer cualquier cosa.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *