NUESTRA AUTÉNTICA OPERACIÓN TRIUNFO

La cita de estos 16 participantes de este Talent de 2001 ya ha pasado. El lunes se cerró un capítulo  de la historia y cultura Pop-musical (aunque a muchos críticos neo-snobs les cueste entenderlo y mucho más aceptarlo, en eso tambien parece que estemos en 2001). Operación Triunfo es un libro denso, que abarca varios capítulos de la sociedad de aquella época y que ruboriza comprararlo con el 2016. Desde un formato televisivo, pasando por otro sobre historia musical española, otro capítulo sobre una forma de hacer televisión y todo sobre un mismo eje: Cultutra Pop patria, que no es que andemos muy sobrados de ella en este país.

Ese ansia del crítico por ver en su misma espiral de autodestrucción a compañeros suyos que en su día gozaron de más o menos gloria que él, hace que hoy nos despertemos con artículos en los que se destroza la ilusión y la capacidad de jóvenes, productores, cantantes y artistas, de hacer disfrutar y vibrar a su público. Y sí, hay público. Ese mismo público que se gasta dinero en acudir a un concierto que algunos califican de hortera, petardo y kistch. ¡Cómo si eso fuera algo peyorativo!

Y no se entiende esa actitud más aún cuando estamos muy secos de contenido. Un programa como Operación Triunfo no es posible que vuelva a nuestras pantallas, por lo menos con ese nombre. Para ser honestos, debemos quitarle la coletilla de Triunfo. Hoy es imposible triunfar porque ello conlleva la aceptación del ‘otro’, que te da el Ok definitivo a tu trabajo. Y es que críticos ya hay muchos, pero gente inocente dispuesta a dejarse sorprender por gente con talento, no. Hoy destrozamos contenidos, devoramos televisión, arrasamos con juicios, y nos doctoramos en la superioridad que da ver todo desde la barrera. Es como el crítico musical de un periódico que no sabe lo que implica producir una obra musical pero se permite el lujo de calificarla del 0/10 porque nadie controla sus ínfulas de Julio Cesar digital.

Televisión Española abre informativo con ‘La cobra de Bisbal’. Efectivamente es lo más viral que ha pasado este año. En la facultad de Memes de la información estudiaran el caso a conciencia. Hoy Chenoa acapara las críticas de todos. Es el show televisivo de la temporada. A ella le beneficiará todo esto, no cabe duda. Se ha creado un papel y hemos puesto en su perfil de artista Pop todas esas etiquetas que las redes sociales nos obligan a poner para que algo triunfe. ¿Sabéis la diferencia respecto a 2001? Que antes no poníamos etiquetas tan facilmente. No existían o no estaban a nuestro alacance. Eso nos permitía ilusionarnos con 16 jóvenes que querían perseguir su sueño sin tener esa idea preconcebidia. Hoy etiquetamos, y ‘ya si eso’ valoramos por nuestra cuenta.

Operación Triunfo debe su éxito a la inocencia de concursantes y de público que querían y sobretodo podían dejarse sorprender. Que no ocupaban tiempo criticando detalles que ocultaban el verdadero sentido de la revolución que vivíamos por entonces. Hoy es imposible que culturalmente ocurra. Todos tenemos opinión formada, formadísima, y un servidor es el primero que cae. Por ello me atrevo a afirmar que el Lunes no se cerró el libro de Operación Triunfo, se recordó la penúltima oportunidad que tuvimos para dejarnos sorprender a nivel de fenómeno de masas televisivo. Y digo penúltima por tener la esperanza de que poco a poco nos desengachemos de la crítica y nos ocupemos en trabajar para sorprender, y así, dentro de otros 15 años, tengamos algo más que celebrar.

El verdadero triunfo de hoy consiste en avanzar sin que te pisen, en llegar a pesar de las zancadillas de todos los resabiados del mundo 2.0. En entender que Operación Triunfo es algo más que 14 juguetes rotos. El verdadero triunfo lo tienen ellos, que han sabido aceptar que triunfar en esta vida es hacer lo que te gusta y estar a gusto con uno mismo y lo que hace. Y eso es lo que ví en el Palau. 16 personas que estaban cómodas haciéndonos recordar a 4.160.000 personas que se puede disfrutar de una canción de Gisela, un primer single de Bisbal, que empatiza con Rosa equivocándose, que llora con ‘Mi música es tu Voz’, que se emociona con ‘Y si fuera ella’. Y que sí, disfruta con Chenoa y Bisbal cantando escondidos y con esa supuesta cobra que añade al evento más que resta pero no protagoniza. El resto de análisis juzgando OT por entendidos en la materia… pasen por Twitter.

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido. Una crítica, más o menos formada, nunca podrá hacerlo. ¡Viva OT!

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