¡NAVIDAD, QUÉ HERMOSA ERES! FUN, FUN, FUN.

Españoles, españolas, ya ha llegado. Ya está aquí y nadie lo ha podido evitar. Como tu prima del pueblo que viene a la casa de la playa sin que nadie la invite, como un embarazo no deseado, como un grano en la frente el día de tu boda. Así, sin dar ningún tipo de aviso. Ha llegado y será mejor que nos acostumbremos porque nos quedan un par de largos meses hasta que se vaya. Y es que ya está aquí LA NAVIDAD.

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Sí, así es. Parece mentira, pero la Navidad ya ha llegado. ¿Qué estamos a primeros de noviembre? Sí, pero qué más da si ya se puede ir sacando los cuartos a todo el mundo aprovechándonos de ese espíritu de paz, felicidad y… CONSUMISMO que significa la Navidad. En El Corte Inglés: arbolitos y belenes; en Starbucks: Gingerbread y Toffe Nut; en Zara Home: adornos y centros de mesa; en H&M: jerséis horteras y pijamas de renos; en el Mercadona: turrón y mazapán. Y así podría seguir hasta rellenar páginas y páginas con todos los productos que con dos meses de antelación llegan a nuestros lineales para hacer que nosotros, los consumidores (o consumistas más bien) empecemos a dejarnos el sueldo mucho antes de lo previsto.

Pocos días faltan para que las luces navideñas comiencen a lucir, Cortylandia empiece a taladrar el cerebro a las futuras generaciones de ni-nis de este país y a que una horda de pelucas irreverentes (y no, no hablo de travestis, ojalá) comiencen a invadir el centro de Madrid (en otras ciudades la gente es un poco más normal, pero tampoco mucho más) y hacerlo todavía aún más impracticable que de costumbre. Porque la Navidad, por mucho que nos vendan la moto, no hace a la gente más bondadosa y más amable, no, la hace más gilipollas. La gente que trabaja en el centro y de cara al público, sobre todo, sabe de lo que hablo. Los niños se vuelven locos, los padres se vuelven locos, los abuelos se vuelven locos; solteros, casados, divorciados y viudos, todos locos. Y es que desde el día 1 de noviembre empezamos con un estrés innecesario de preparativos de navidad que acaban agotando.

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Y oye, a los de Madrid, ¿alguno ha pasado los últimos días por la calle del Carmen? Seguro que os habréis encontrado con una enorme fila que da la vuelta a la calle. Y os preguntaréis ¿han abierto un nuevo Primark? No. Es gente que espera para comprar lotería en la famosa administración de Doña Manolita. Aquí yo me pregunto, ¿toda esa gente sabe que la probabilidad de que le toque la lotería comprando un décimo ahí o comprándoselo a la Paqui, la panadera del barrio, es la misma? Y luego, si tienen esa imperiosa necesidad de comprar lotería en ese punto en concreto, ¿nadie les ha dicho que se vende lotería de navidad desde agosto y si van antes no tendrían que esperar cola?  Ahora, que la gente empiece a descubrir eso creo que me da aún más miedo, porque eso significaría que la Navidad todavía comenzaría antes, ¿no?

Pero no os equivoquéis, si a mi me encanta la Navidad, pero limitándola a los días 24, 25, 31 y 1, y alargando mucho, el día de Reyes. Aunque bueno, casi es mejor que diga que me encantaba porque ahora me toca trabajar todos esos días para que la gente esa de la que he hablado hace un ratito, sí, esa que se vuelve loca (o gilipollas, como queráis llamarlo) pueda disfrutar de un maravilloso café o chocolate mientras está pasando las fiestas con su familia y yo mientras estoy puteado y hasta los cojones de sonreírles, mientras suenan los mismos villancicos que llevan sonando mes y medio aunque lo que realmente quiera sea cagarme en todos ellos, porque otra cosa no, pero fingir se me da bastante bien (ejem).

Y es que señores, señoras, la Navidad ha llegado, ha llegado a nuestros bolsillos, pero ¿ha llegado a nuestros corazones? Feliz Navidad a todos. 

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