ME ESTOY QUITANDO, SOLAMENTE ME PONGO DE VEZ EN CUANDO

Un ex hace tiempo (mucho tiempo) me contó que una vez su madre le dijo “Ojalá fueses más tonto, porque serías más feliz”. En aquel momento me pareció una cosa horrible de decir, y menos a un ser querido. ¡Desearle la tontería a tu propio hijo! La frase se me quedó grabada para mal, motivándome para buscar justo lo opuesto, la felicidad en la sabiduría. Atesorar toda la información posible. “La información es poder” me repito todos los días desde entonces.

¿Ah, sí? ¿Seguro?

Tal día como hoy, un década después, me he sentado a pensar acerca de esa madre preocupada y de la razón que tenía la pobre mujer. Yo, con mi maravilloso traductor madre-hijo hijo-madre, he averiguado que lo que realmente le quería decir a su hijo es:
“Céntrate en tus cosas y déjate de bobadas de ‘tuiti’ y ‘facebuk’, que pareces tonto”.

Hablando de este tema con un amigo (que no tiene twitter ni Instagram. ¿Raro eh?) y un cocktail de puta madre, sacamos varias conclusiones y sobre todo hubo preguntas que, por obvias, no nos habíamos hecho. Qué es una red social, para qué sirven las diferentes plataformas sociales tales como Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Vine, y tal y tal, cómo se utiliza cada una, y qué BENEFICIO podemos sacar los usuarios. Porque a todo esto… ¿Tiene beneficio real utilizar estas redes sociales?

Un animal social, como yo he sido tantos años, dice enseguida ¡CLARO! CÓMO NO VA A HABER BENEFICIO! Bueno pues yo me he sentado conmigo mismo, un papel y un boli, y he hecho una lista de beneficios que yo he recibido de usar las redes sociales en estos años:
– Nuevos amigos.
– Novios, ligues, rollos, follamigos.
– Publicidad de las cositas que hago (me refiero a las cositas artísticas, no de las otras).
– Enterarme de que se ha filtrado el disco de la Gaga.

Aparte de estos beneficios que parecen tan positivos, también he adquirido otro tipo de efectos colaterales:
– Dependencia del móvil.
– Necesidad continua de informarme de todo para poder estar al día con los demás usuarios.
– Necesidad irracional de tener algo importante/gracioso/guay que decir para obtener la atención del resto de usuarios, y alguna interacción a ser posible. Si quien ha contestado es una ‘tuitstar’ ya puedo quedarme tranquilo todo el día.
– Recibir información innecesaria que ni me va ni me viene, y si me viene, me viene mal, y me crea ansiedad y parálisis emocional.

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Y ahora es cuando estáis pensando “AJÁ! Ahí está el quid de la cuestión! Está resentido/despechado porque ‘quiensea’ ha hecho o dicho cualquiercosa, y está jodido/envidioso/dramaqueen/pasiva”. ¡Eh pero de buen rollo, que le he dado a LIKE!.

Tenéis razón. Alguien que conozco, o no, ha hecho o dicho algo que me ha parecido feo, o no, sobre mí o sobre otro alguien que conozco, o no, y todo el asunto me ha generado una ansiedad absurda porque toda esa gente NO SON YO. Seguro que hay un montón de gente que ha sabido perfectamente llevar este tema y oye, enhorabuena, escribid un artículo para Haul explicándolo. Pero a mí estas cosas me afectan, fíjate tú, que pensaba que yo era de los que estaban mejor de la cabeza y resulta que no.

Por lo tanto, llego al tema del artículo. ¿Soy más feliz teniendo más información? ¿Sabiendo más? Mi respuesta es NO.
Pero… Podría ser feliz siendo ajeno completamente a la información? TAMPOCO.

Bueno pues ‘byebye’ y hasta otro ratito.

En realidad lo que debería hacer, con mis 31 años (ME DEBES 31 EUROS) es filtrar. Porque ya soy mayor para salseos. Que no lo digo por vosotros, lo digo por mí. La información que me vale a día de hoy es de la que puedo sacar beneficio real tangible y positivo. El resto de cosas, perfectamente respetables, a mí YA no me interesan. Ahora tenemos que dejar a los jóvenes que seáis jóvenes. Utilizad las redes sociales como ya hicimos los mayores en nuestro momento. (Ya está abierto el plazo para las respuestas tipo “Yo soy joven y no lo uso asÍ”, “yo soy mayor y lo uso asá y no me considero tal”, “El que lo usa mal eres tú”, etc. Al final del día daremos un premio al que tenga razón).

Tengo una gran amiga que hizo una cosa muy loca. Se quitó de las redes sociales. Pero ella lo hizo cuando no se llevaba, cuando no era “de divas” como me han llegado a decir. Decidió cortar con todo lo que no era ella misma, su pareja, su casa y su trabajo, porque lo que había ahí fuera , le implicase o no, le causaba malestar general innecesario. Y estaba TAN CONTENTA. Hija, ¡cuánto te entiendo ahora!

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Yo que viví el nacimiento del fotolog, los primeros años del facebook, del twitter, del Instagram, yo que he visto nacer, crecer, renovarse y morir a tantas redes sociales, creo que mi trabajo aquí ha acabado. Diez años dedicados a mostrarle al mundo lo bien que me va, o lo mal que me va. Diez años de ver si a los demás les va mejor o peor que a mí. Diez años de conocer gente estupenda y gente tóxica. Diez años siendo estupendo y tóxico. STOP RIGHT NOW, THANK YOU VERY MUCH.

Ahora toca cambiar el enfoque. Voy a sacar de las redes sociales el único beneficio que necesito ahora mismo, que es DINERO. La atención y el respeto la voy a recibir de las personas que están conmigo más allá de 140 caracteres. El amor lo recibiré de mí mismo y de quien decida dármelo. Y de mi gato. Y quien requiera de mi atención, respeto y amor, posiblemente ya lo tenga.

Veremos cuánto me dura. Ojalá sea capaz de desengancharme y ser como mis amigos los desconectados. Lo que me hace pensar…. Tengo amigos realmente inteligentes, tengo que decírselo más a menudo.

 

Nota del editor: A día de hoy, Jose sigue sin redes sociales y se ha vuelto loca ermitaña, sola, en la montaña. 

 

Ilustración: José Onís

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