ESTIGMA

Imaginen. Imaginen levantarse una mañana, cualquier mañana, en su estación del año favorita, del mes que prefieran, el día de la semana que más rabia les dé, pero con una convicción: ese día puede cambiarles la vida. Han decidido que van a sincerarse con su pareja, sus padres, su hermana, su mejor amigo, su jefe, su compañero de trabajo, su primo o su vecino; van a decirles la verdad. Y da miedo, es terrorífico, porque muy dentro, en el fondo, temen que todo cambie, que nunca más les vuelvan a mirar igual, que sean condescendientes, que no les entiendan o que incluso les abandonen. Hay que reunir mucho valor para tomar una decisión así, para exponerse al otro como realmente uno es, sabiendo que una posible respuesta sea el rechazo.

Pues dejen de imaginar, y pregunten. Pregunten a las cerca de 160.000 personas que en nuestro país conviven con el VIH y que, al margen de la enfermedad, han de lidiar también con el estigma social y laboral que esta acarrea. Pues por mucho que avance la ciencia o la disponibilidad de tratamientos que actualmente tenemos –que no es mucha y está muy lejos de la que podría haber, en tanto que no se ha consolidado un Pacto de Estado para luchar contra el VIH y las partidas presupuestarias no alcanzan las cifras que ayudarían a erradicar esta enfermedad–, los prejuicios siguen muy presentes en el día a día de este estigmatizado colectivo, que ha de lidiar con el rechazo y hasta temor de los demás tanto en su vida personal como en el ámbito laboral.

Continúan presentes en nuestra sociedad multitud de arquetipos y prejuicios sobre las personas con VIH, de ahí que haya llegado a convertirse en un tema tabú en determinados círculos. Desafortunadamente, continúa la visión paleolítica de que quien porta este virus lleva una vida “insana” o con una moral “reprobable”, cuando en realidad cualquiera puede contraer el virus. Sin embargo, por erróneas que sean estas ideas, su calado en nuestro entorno obliga a las personas seropositivas a convivir con un estigma que debilita su libertad y sus derechos, e impide que puedan vivir de forma plena sus relaciones.

Pero además, es un problema que trasciende también a la esfera laboral. Aún es recordado el caso del camarero que fue despedido del bar donde trabajaba, en Chueca, tras haber anunciado a su superior que era seropositivo. A este respecto, desde el CSIF –Centro Sindical Independiente y de Funcionarios– aseguraron al diario ‘20minutos’ que despedir a una persona por ser portadora del VIH es ilegal. No obstante, los casos de exclusión se suceden y en muy pocas ocasiones son denunciados, de ahí que mucha gente opte por ocultar en el trabajo que es seropositiva.

¿De dónde procede tal estigma? ¿Por qué surgen los prejuicios? Principalmente, por la falta de información y concienciación. Pueda parecer mentira, pero un alto porcentaje de nuestra sociedad desconoce los verdaderos modos de transmisión del VIH u otras ITS –Infecciones de Transmisión Sexual–, y aún cree que en la saliva o en la piel puede encontrarse el virus, lo cual es evidentemente falso. Además, la escasez de referentes tanto reales como ficticios que podamos encontrar en los medios de masas influye en la lejanía que a veces nos produce el tema. Un tema que no está tan alejado de nosotros, pues un tercio de las personas portadoras del VIH desconoce que lo es.

Asimismo, este desconocimiento es una de las principales causas de propagación del virus en nuestro país. De acuerdo con el jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, el doctor Santiago Moreno, el 60% de los nuevos casos de transmisión del VIH se producen a través de personas que desconocen que son portadoras; recordemos, un tercio del total. Un desconocimiento de todas las partes implicadas que ha provocado que en 2015 los nuevos casos de VIH en Europa hayan aumentado un 7% respecto al año anterior, según ha alertado la Organización Mundial de la Salud –OMS–.

¿Cuál sería entonces la respuesta? ¿Por dónde viene la solución? La concienciación social es una pieza fundamental en la erradicación tanto de la enfermedad como de la alarmante estigmatización que conlleva. Para ello, es vital la promulgación de campañas de información y sensibilización estatales y autonómicas por parte del Gobierno y de las autoridades pertinentes acerca del virus y del día a día de quienes conviven con él, así como de la necesidad de realizarse las pruebas pertinentes para evitar la transmisión y persistencia de la enfermedad. Sólo con información y medios sanitarios se podrá hacer frente al VIH y al estigma.

Hoy, 1 de diciembre, desde HaulMagazine queremos levantar un lazo rojo en memoria de todas las víctimas del VIH y en apoyo de todas las personas seropositivas que han de vivir con esta enfermedad. ¡Juntos podremos poner fin al VIH!

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