“VACANTE DE GRINCH”

Empiezo confesando: soy el grinch. Soy ese contacto de whatsapp que nunca contesta a las fotos y videos de felicitaciones navideñas y que va protestando por la calle porque somos todos idiotas con las lucecitas y los adornos y las moñerías forzadas. Protesto por el anuncio de Campofrío y por el de la Lotería. Soy esa que, mientras el 21 de diciembre todos hablan de qué harán si les toca el gordo, dice que no ha comprado ni el número del trabajo. La típica que lo primero que dice el 22 de diciembre es que es el día más coñazo y casposo del año en España. Soy la alegría de cualquier Navidad, ya veis. Pero a veces pasan cosas extrañas.

Tú ponte en situación; te despiertas el 22 mientras una amiga tuya se está yendo a trabajar y te dice “ey, dejo aquí los décimos, si toca no te fugues”. Ahám. El mundo y los bombos siguen girando, salen los números premiados y tú sigues desayunando turrón cuando dices… qué coño, voy a comprobar esos décimos, que tengo 1/3 de uno de ellos. Los compruebas. Está el gordo. Te lo juro, está el gordo. Pero no es el tuyo. Lo compruebas 873 veces más. Sí, es el gordo, lo tienes en la mano, 400.000€ en un papelico. “Me voy a las Fiji, ya que Truman nunca pudo…”

Han pasado ya unos días, lo he contado varias veces: “joer, comprobé un décimo y era el gordo y no era mío, ni lo compartía ni nada!!” Os juro que la primera reacción del 98% de la gente ha sido de casi casi darme el pésame. A los primeros les intenté corregir “no, no, si es de una de mis mejores amigas, es súper guay!!!” La cara de ellos era un poema. Creo que pensaban que estaba enajenada y que en algún momento me daría cuenta de lo cerca que había estado de algo tan “grande” y tan tan tan poco probable sin poder tocarlo y me daría el bajón.

Pero no, gentecilla amargada. Esto no va así. Vosotros sois los verdaderos grinchs. Lo que mola es que cuando alguien a quien quieres tiene un notición así tú te emociones igual o más. Mola un montón llamar a tus amigos y gritar e ir a celebrar lo inesperado, que ‘hemos’ sido de ese 0,000001% que creíamos que no existía. Es muy chulo conocer a muchos de los premiados, sus historias, abrazarles y alegrarte también mucho por ellos. Ver a la gente (y a ti misma un poquito y a escondidas, no vamos a pasarnos) llorar de alegría, qué poco se ve últimamente y qué falta hace. Y sí, el motivo es un sorteo del que me quejo muchas veces, pero he aprendido que “lo de menos” (a ver, entendedme, a mí no me va a crecer la cuenta del banco como a ellos) es el dinero. Se celebra de alguna manera que un imposible ha sido posible, aunque sea por un azar absurdo. Creo que también nace un poco la ilusión de que entonces a lo mejor otros imposibles también serán posibles algún día.

Pasados los días me he dado cuenta de que también se celebra tener con quién compartir la alegría. Me ha encantado ver y aprender que la generosidad es querer hacer partícipes a los tuyos de las buenas noticias y los buenos momentos. Pero sobre todo me ha encantado ver que los míos son de esos, son de los que multiplican la alegría al sumarte. Me ha alegrado muchísimo no sentir ni un 0,000001% de rabia ni de envidia y confirmar lo que ya sospechaba: que la suerte es otra cosa muy distinta a una lotería.

Por eso, amigos, escribo para anunciar que estas navidades yo dejo oficialmente el cargo de Grinch a disposición de quien le vaya a hacer honor de verdad, que yo me he vuelto una moñas. Voy a seguir sin continuar las cadenas de felicitaciones absurdas y, seguramente, sin comprar lotería. Voy a seguir quejándome de la sobreactuación navideña. Pero voy a celebrar mucho más que mi gente es así de guay y a desearos a todos siempre que tengáis suerte, pero de esta, de la que te rodea todos los días.

                                                                        

via GIPHY

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *