¿POR QUÉ NOS GUSTAN JÓVENES, POR QUÉ LES GUSTAMOS MAYORES?

Mi madre me llama asaltacunas, y yo me defiendo diciendo que son ellos los que vienen a mí. Ellos, los jóvenes (aclaremos que yo sigo siendo joven también, pero menos que ellos). Debe haberme cambiado el metabolismo, porque de un tiempo a esta parte los hombres homosexuales de mi edad o mayores que podrían ser potenciales maridos y padres de mis hijos parece que ya no me huelen, y sin embargo atraigo a una nueva especie de hombre desconocida para mí, una generación de chicos que ya no son teenagers pero todavía no son veinteañeros (not a girl, not yet a woman).

Un momento… ¿Una especie desconocida? ¿Acaso no he sido yo también un pequeño mariquita con sueños por cumplir y Roacután? He llegado a mi horizonte de sucesos. Cuando era un joven quinseañera no me imaginaba mi vida más allá de los 35, puesto que con 30 ya lo habría conseguido todo: casa, trabajo, marido, niños. A partir de ahora, todo lo que ocurra es desconocido y peligroso, y ojalá viniera Matthew McConaughey (lo he googleado para escribirlo bien) a tocarme las cuerdas y darme pistas.

Cuando yo era jovencito me gustaban los tíos de treintaypocos. Esos hombres sanos, con trabajo y casa, y quizá moto, con grandes brazos y manos masculinas que recorrían tu cuerpo juvenil con sabiduría y cariño. Te hacían sentir importante, su pequeño tesoro, su amante prohibido, su bálsamo para los duros días de trabajo arduo en la oficina. Luego, evidentemente, descubrías que tenía una pedrada importante, pero cuando eres jovencito esas cosas no te importan (al principio).

Ahora el treintañero soy yo, y no puedo ser más opuesto a lo que me gustaba de adolescente. Soy las antípodas, la Némesis. Fumo, tengo un trabajo basura (pero gracias al cielo tengo trabajo), no tengo casa ni vehículo de ninguna clase, y no tengo grandes brazos ni manos masculinas. Pero la pedrada sí la tengo, claro. La pedrada que no falte.

Y, sin embargo, a la nueva horda de efebos les debe atraer justamente eso. La derrota del hombre, la precariedad, la poca seguridad en uno mismo. Porque yo me siento intimidado por su poder vital, y me entra la nostalgia de mí mismo, de cuando pensaba que el mundo era mío y que nada era tan grave como para no  irme a bailar hasta el día siguiente. Tengo envidia de su despreocupación, me siento impotente sabiendo que van a cometer muchos errores y van a sufrir y no puedo (ni debo) impedirlo, y siento pánico cuando me miran a los ojos y piensan que todavía pueden salvarme. Cuando me miran así a veces yo también lo pienso.

Me da cosa preguntarlo pero, ¿por qué os gustamos ahora? Si no tenemos grandes cosas que ofreceros, y estamos rotos por dentro de tantas relaciones infructuosas. No tenemos coche para llevaros de viaje. No tenemos armas para que nos presentes a tus padres y ellos se queden tranquilos, sabiendo que estás saliendo con un buen partido. Mi fuerte personalidad y mi humor no me pagan el piso (todavía).

(Seguro que muchos de los que me estáis leyendo tenéis la suerte de tener esas armas, de tener algo que ofrecer, y coche para llevarles de viaje. Espero que seáis conscientes y agradecidos. Corred a darle un beso a vuestras parejas y lleváoslas a la Pedriza este finde).

AH, ¡PERO TENGO PS4! (Lo que no tengo es tele donde enchufarla).

Como no tengo tele, pues estoy obligado a hablar. Y claro, las primeras charlas pueden acojonar porque tienes que ir averiguando qué temas de conversación pueden incluir peseta y euro. Lo más probable es que no sepan quién es Chicho Terremoto, O LOS BOM BOM CHIP, pero hay que estar dispuesto a explicarlo. Y ellos seguro que tienen mucho que decir sobre Zack y Cody y que yo desconozco completamente.

De todas formas, uno piensa que los teenagers de ahora no van a entender según qué cosas, solo porque tú has tardado años en entenderlas y te ha costado sangre y lágrimas. Pues resulta que, no se sabe cómo, estos pequeños cabrones saben cosas con 19 años que yo he descubierto con 30. Hijos de puta, ¿no veis que así es muy difícil llevaros ventaja? ¡Incluso en la cama las mayores sorpresas me las han dado los jóvenes! ¿Quién os ha enseñado? ¿CUÁNDO? Ni siquiera puedo fardar ya de hacer buenas mamadas con técnicas perfeccionadas durante años porque ellos también saben dónde poner la lengua desde que tenían 15 años. El único tema en el que todavía les puedo sorprender es en el de restaurantes, porque soy una gorda y me paso el día comiendo fuera.

En fin, ¿qué le voy a hacer? Si creen que soy monete, gracioso, que hablo de cosas de mayores, que el cine que me gusta YA es clásico, que escucho música anticuada (¿Girls Aloud anticuado? ¿CUÁNDO?), que toda la TO DO list que tengo que hacer hoy puede esperar y nos podemos quedar durante horas debajo de un edredón cantando Lana del Rey. Cantando. Lana del Rey. Mientras mi vida espera fuera. Lo peor que puede pasar es que yo sea su treintañero sin casa ni moto ni músculos ni futuro, y él sea mi niño de agua. Y cuando me proponga algún nuevo plan moderno y loco, le diré “No sé lo que es, pero vale”.

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