BERTIN: EN TU CASA NO, PERO SÍ EN LA MÍA

Querido Bertín: no tengo el gusto de conocerte. Tampoco he hecho el esfuerzo de escucharte ni verte más de 10 minutos en televisión (mea culpa). Seguramente tengas una voz prodigiosa, un arte con un público muy fiel que hace que tengas éxito, llenes conciertos y subas share de audiencia. 35 años de éxito (leído en Wikipedia) en primera líne. Eso es digno de admirar. Debes tener algo. Algo que llama la atención. Para ilustrarme bien  a la hora de escribir este artículo he tenido que ver vídeos de tus éxitos más o menos recientes. No he hallado. O seguramente no le dí al botón correcto en Google de ‘Voy a tener suerte’. Lo que si he encontrado han sido declaraciones tuyas, muchas. Demasiadas. Llego a la conclusión de que por artista he de fiarme de lo que cuentan por ahí. Pero también que eres un genio, un genio creando titulares, un genio de lo campechano, tienes algo que engancha. Imagino que de ahí tu fama de triunfador con las mujeres, como también he leido. ¡Qué cosas!

¡Un momento! Tu cara me suena de algo… He caído tarde, pero ahora ya lo tengo más claro. Era un niño cuando tú presentabas un programa que me encantaba. Era en los 90, en Antena 3. No me lo perdía por nada del mundo. Se llamaba Lluvia de Estrellas. Vaya porte presentando, muy elegante (decía mi abuela) y todo un referente de aquella televisión. Desde aquí te muestro mis disculpas por no caer cuando me hablaron de ti. Y es normal, era un niño. Los 90, qué tiempos, ¿verdad? Fueron duros, para mí y para mucha gente joven en mi misma situación. Niños. Hoy, si tienes tiempo para leerme, me gustaría ser tan campechano como tú y explayarme. Sé que al leerme me vas a entender.

Era un chaval en una edad muy complicada. Como todos imagino. Complicada por no saber exactamente que me ocurría. Supe con 6 años (sí, 6 años) que me gustaban los chicos. Algo normal ahora (en ciudades), pero no entonces. Mi día a día no era un calvario, he de reconocerlo. Tuve un referente importante y un apoyo de mi familia lo bastante fuerte para construirme una coraza ante los ataques. Ataques diarios de niños de mi edad. ¿Te he hablado de referentes, verdad? Tuve uno que hizo ver a mi familia que podrías ser igual que el resto independientemente de lo que me gustaba. Pero aún así lo pasaba mal. Ellos, los que atacaban, que hoy se llaman bullers (está en vías de ser penado) tenían otro tipo de referentes. No existían las redes sociales, y todo lo que veíamos y de lo que se hablaba era en función de lo que veíamos en la tele. Si no lo sabías, entonces eras más referente que ahora. Inconscientemente hoy tienes mas trascendencia, pero eres menos referente. Gracias a Dios. Y te explico.

Cuando te llaman ‘Maricón’ en el colegio (esa palabra de la que los Gays nos hemos apropiado, quizás para hacer que no suene tan mal de vuestra boca) lo pasas mal. Si por aquella época le preguntas a un niño “¿qué es ser maricón?” seguramente no sepa que es querer a una persona del mismo sexo. Para estos niños se trata, básicamente, de ser afeminado. Un año tras otro, en una edad tan crítica para formarte el carácter, te afecta todo. Pero te voy a hacer un confesión. Había 2 tipos de agresión que no me hacían igual daño.

Había quienes me llamaban maricón’ a la cara. ¡Les admiro! Envidiaba su valentía para ponerse frente a alguien y soltarle una verdad tan grande. Maricón. Palabra redonda, llena de significado. Ahí te defiendes o te quedas llorando. Te hace reaccionar. Calificativo directo a responder con un impulso, en ocasiones primario. Violencia, aceptación o resignación. Al principio he de confesar que me resignaba a que me lo llamasen. Tardé muy poco en aceptarlo y tragar saliva y ser feliz yendo a clase con el ‘maricón’ en la espalda.

Antes de llegar a ser feliz aceptándome, tuve que enfrentarme a los otros. ¿Sabés quienes son? Bertín, son los de las mofas, los de las risas a la espalda, son LOS QUE UTILIZABAN ESOS CHISTES QUE TE PARECEN TAN GRACIOSOS para hacer daño. ¿Cómo luchar con algo que está tan arraigado en la cultura popular como insultarte con un chiste de mariquitas? Que palabra más fea, ¿no? Algo así como cuando llamas ‘negritos’ a los negros cuando no se tiene intención de ofender, ¿verdad? Con lo bien que suena ‘maricón’. En ocasiones no esperaban a que me diera la vuelta. El chiste primaba antes que mi sensación, que mis sentimientos, o que mis súplicas para que parasen de hacerlo. Esos chistes y esas gracias, cumplen su función. Hacen gracia. Y los niños duelen a unos padres. Y hoy, Bertín, eres un referente. Y estoy seguro que entiendes y empatizas por tu situación con algunas palabras de la línea de arriba. Hoy esos chistes a unos niños no les hacen gracia. Pero quizás a unos padres tampoco. En los 90, esos padres tenían 30 años, y ponerse a recriminar actitudes de entonces es ridículo. Pero, ¿y hoy? Esos padres treintañeros que te tenían como un referente, hoy son padres de jóvenes adolescentes (y no tan adolescentes) que han sobrevivido a una España rancia, que se lamenta de no poder reírse de un niño gordo, de un chiste de maricones o de un comentario misógino.

Hoy ya no eres referente Bertín. Hoy eres la caricatura de un personaje que se lamenta porque no hace gracia, porque ha pasado su hora. Que sube shares de audiencia porque sus palabras suenan anacrónicas y fuera de lugar. Eres el rey de lo campechano, y mucha gente te sigue por decir verdades como puños, según defiende ellos, pero decir tus verdades, con más o menos arte andaluz, no hacen que sean más verdad, no hacen que tengas menos responsabilidad ante la sociedad. Tu ceguera por lo visto está antes que cualquier visión sensata de la sociedad en la que vives. O quizás vivimos mundos distintos. Tu en tu casa, yo en la mía. Y mejor así.

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