BODYSHAMING? SHAME ON YOU!

Estaba ayer casualmente navegando por la red, mientras leía un artículo científico acerca de la reproducción celular de las mitocondrias, cuando me topé con una fotografía reciente la artista Britney Spears… Bueno, vale, lo admito, en verdad estaba en Instagram con el objetivo de marujear las única e inigualable princesa del Pop –como hago diariamente–, y de pronto advertí una serie de comentarios que me dejaron atónito:

  • Ha vuelto a engordar
  • Le sobran unos cuantos kilos
  • No le favorece ese traje, vuelve a estar fea
  • Está horrible, se le marcan hasta los michelines
  • ¡Gorda!

Y un largo etcétera de mensajes similares cuyo objetivo era insultar o hacer sentir mal a la artista con respecto a su físico. Vamos, un claro ejemplo de lo que se conoce como ‘bodyshaming’. Lo más curioso de todo es que la fotografía en la que encontré los citados comentarios era la siguiente:

¿Consideráis que la ‘cantante’ artista está “horrible” tal y como señalan en la imagen? ¿Acaso se aleja en demasía de los encorsetados, insalubres y dañinos estándares de belleza occidentales? ¿Qué tipo de mensaje se está enviando a las y los jóvenes de hoy en día al señalar que a ese tipo de cuerpo le sobran unos kilos?

De todos modos, para mí eso no es lo más preocupante –que lo es, por supuesto–. Pensemos durante unos segundos, si en la imagen en vez de estar la artista tal y como aparece, saliese con un cuerpo de 90 kilos, ¿no serían igual de horribles los comentarios? ¿Quiénes somos nosotros para señalar que ese cuerpo es o no bello? ¿Acaso la única belleza a apreciar es la que marcan las pasarelas de moda y revistas de belleza? Por supuesto, imagino que a la ‘cantante’ artista se la soplarán un poco estos comentarios –o quizá no, que al fin y al cabo todos somos humanos–, pero ¿y qué pasa con la gente corriente que navega por la red y se topa con esos mensajes? ¿Qué ocurre cuando una niña de 12 ó 13 años mira ese cuerpo y piensa “oh, dicen que estar así es estar gorda”? ¿Cómo se sentirá alguien con un cuerpo menos normativo al ver esos comentarios que reseñan que si estás gorda no eres bella?

Lamentablemente, es una tendencia que se repite en exceso en los últimos tiempos, también gracias al anonimato y protección que ofrecen las redes sociales. Internet es una herramienta muy beneficiosa y sin la cual no estaríamos ahora mismo aquí –leyendo este artículo–, pero a su vez se ha convertido, por nuestra culpa, en un arma peligrosa que nos ha conferido una legitimidad previamente desconocida para expresar todas las opiniones e ideas que aparezcan en nuestra cabeza, independientemente de que sobrepasen los límites del respeto y de las consecuencias que puedan acarrear para otras personas.

No obstante, no solo el ciudadano de a pie colabora con sus comentarios en la expansión de esta práctica denominada ‘bodyshaming’, sino que son marcas publicitarias y empresas del sector audiovisual y textil quienes ayudan principalmente a perpetuarla a través de la proyección de unos cánones de belleza ridículos y prácticamente inalcanzables, basados en insalubres y estrictas dietas y en numerosos retoques de fotografía irreales.

Por otra parte, en algunas tiendas de ropa se puede encontrar ya una talla 32 de pantalón, un límite inimaginable para la mayor parte de la población adulta y que, a este ritmo, no sería descabellado pensar que en algún momento llegue a convertirse en una nueva talla M y que todo lo superior a la misma sea considerado “de gordos”.

También programas de televisión y series de ficción se ven implicados en esta práctica. La superficialidad con la que son tratados estos temas, o la ligereza con la que se critica, juzga y valora el aspecto de los demás da el pistoletazo de salida para que nosotros mismos lo reproduzcamos en nuestra vida cotidiana. Citando a Meryl Streep en su ya conocido discurso durante la gala de los Globos de Oro: “Ese instinto de humillar, cuando además lo ejemplifica alguien con una plataforma pública con ese poder, le da permiso a otras personas a hacer lo mismo”.

Tal y como mencionábamos anteriormente, no terminamos del ser del todo conscientes de las graves consecuencias que pueden llegar a tener los comentarios que hacemos o la presión que ejercemos sobre la imagen y cuerpo de los adolescentes, como son los trastornos alimenticios que, desafortunadamente, aparecen cada vez antes entre la población joven, detectándose en torno a los 11 ó 12 años de edad. Asimismo, la prevalencia actual de estas enfermedades varía entre el 1 y el 4% de los españoles, siendo más acusada en las mujeres que sufren más presión social sobre sus cuerpos.

En definitiva, todas y todos deberíamos ser más conscientes del poder que tienen nuestras palabras y comentarios sobre los demás, ese sería un primer paso para erradicar una práctica tan horrible como el ‘bodyshaming’. Después vendría el trabajo pedagógico de ver que los cuerpos son bellos, ya sean o no normativos, ya se adecúen o no a los estándares que nos marca la publicidad. La belleza está en el interior, sí, pero también en el exterior. En el de todos y cada uno de nosotros.

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