COSAS QUE TE HABRÁN PASADO SI HAS VIVIDO EN EL EXTRANJERO

Ya sea por motivos laborales, estudios, por relaciones personales y familiares o simplemente por necesidades vitales o ganas de cambiar, muchas son las personas que se embarcan en la aventura de mudarse a un país extranjero. Aunque las razones que nos impulsen a cambiar de residencia lo cierto es que no son tan distintas las situaciones que se repiten para los que son expatriados. Estas son algunas de ellas:

Saludar no es tan fácil.

Aunque nos creamos que los dos besos son internacionales hay países en los que son aún más cariñosos que nosotros y en otros en los que el contacto físico no es muy frecuente. En un lugar nuevo algo tan sencillo como saludar puede dar que pensar. Donde yo vivía se daban 3 besos en la mejilla, ¡tres! Y para complicarlo más se empezaba desde el lado izquierdo de la cara.

Te pasas la vida comparando los precios con los de tu país.

Ahí es cuando te das cuenta de la ama de casa que todos llevamos dentro, eres consciente del dinero y de lo que cuesta llenar la nevera, de repente te ves comparando el precio de las lechugas en tu nuevo país con las de tu lugar de origen. Lo mismo para ir al cine, tomarte un café o cuando pides unas copas. Si además el país al que has viajado usa una moneda diferente a la pensarás constantemente cuáles son los precios al cambio.

Te das cuenta de que realmente tenemos unos horarios únicos.

Todavía no he estado en ningún país donde sea normal cenar a las 10, mucho menos a las 11. Además, si lo que quieres es salir de fiesta, ¡ten cuidado! Cuando en otros lugares ya se están recogiendo aquí apenas estamos empezando la fiesta, las tres o las cuatro de la noche será la hora más tarde a la que encontrarás un local abierto sobre todo si hablamos de Europa.

Empezarás a valorar las persianas.

Vale que a mi me gusta dormir con más oscuridad que a un orco en la más oculta cueva de Mordor, pero es que esas cortinas gruesas que usan en muchos países no aíslan tan bien, ni de la luz, ni del frío. Y es peor aun cuando tienes que enfrentarte a las persianas de láminas, ya que a menudo se quedan atascadas y no hay manera de subirlas o de bajarlas.  O por supuesto no dan tanta privacidad.

 

Tus seres queridos te vendrán a visitar cargados con paquetes de comida y ropa.

Tus visitas vienen con fardos y fardos de alimentos como si creyesen que no hubieses visto un plato de comida en tu vida. Si el espacio de las maletas de cabina ya es reducido la gente que decide ir a verte se tiene que esforzar aún más para poder llevarte aquello que necesitas y que no encuentras en tu nuevo hogar.

Te crees que puedes visitar todo un país en un día.

Da igual que estés en Estados Unidos que en Luxemburgo, tú has perdido las nociones del tiempo y la distancia y para ti es mas que factible ver dos ciudades enteras en un día aunque haya un par de horas de tren entre las ambas.

Descubres que perderse a veces tiene sus ventajas.

Si te pierdes en tu nueva ciudad de acogida y vas con tiempo no es tan malo, perderse puede ser un sinónimo de descubrir nuevos lugares maravillosos alejados de los abarrotados puntos más turísticos.

Cuando descubres  a un compatriota parece que hayas visto a un unicornio

Sobre todo si estás en una zona donde hay poca gente de tu país si te topas con un grupo de ellos es posible que alguna vez te les hayas quedado mirando como si se tratase de una visión.

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1 Response

  1. Amy dice:

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