ALFOMBRAS ROJAS Y TECHOS DE CRISTAL

Andaba enredando el otro día por Internet cuando me topé con un interesante artículo redactado por la actriz y directora Leticia Dolera –La Novia, REC3, Al Salir de Clase–. En él, la artista se sumergía a reflexionar acerca de las presuntas contradicciones que supone ser feminista y acudir a eventos y galas como fue la pasada edición de los Goya –sí, esas en las que lo más importante al día siguiente son las listas de mejor y peor vestidas, quién llevaba el vestido más glamuroso o el look más estrafalario–.

“Porque a ver, ¿nos maquillamos y arreglamos porque queremos o porque hemos crecido con ese imaginario femenino que ha dibujado el hetero-patriarcado para nosotras?”, se cuestionaba la actriz, quien además narraba cómo quedó completamente muda en el momento de entrega de un premio cuando los técnicos de sonido se negaron a ponerle un micrófono por la falta de tiempo y por el tipo de vestido que llevaba: “Me quedo muda. Muda televisivamente. Bajo las escaleras. Me planto en medio del escenario sabiendo que por mucho que hable nadie me va a oír. Estoy desconcentrada, vuelven las preguntas internas. ¿Llevar vestido me ha dejado sin voz?”.

Lo cierto es que este tipo de acontecimientos –bien sean de cine, musicales, o de cualquier otro ámbito– no hacen sino reducir el papel de las mujeres a mera apariencia y fomentar, en muchos casos, la cosificación de las mismas. Mientras ellos , a ellas se les juzgará por lo acertado del vestido que lleven, los zapatos que decidan conjuntar, el brillo de las joyas que elijan, lo sofisticado del peinado y el matiz de la base de maquillaje por la que optasen. Al día siguiente nada o poco importará el trabajo que hayan realizado como actrices o cantantes, todo se centrará en quién estaba más guapa, quien podía satisfacer mejor las fantasías y expectativas de los hombres.

Entonces, tal y como se preguntaba la misma Dolera en su columna, ¿resultaría contradictorio ser feminista y acudir a este tipo de eventos? No va a ser un servidor quién lo exprese, principalmente porque no soy mujer, e históricamente ya les hemos dicho demasiadas veces lo que hacer, como para ahora también decirles cómo deben luchar y cómo deben ser feministas. Faltaría más. Pero, como reflexionó la actriz, si bien por un lado implica caer en la red de ese imaginario generado por el hetero-patriarcado y participar de él, por otro es una posibilidad de hacer discurso, de comunicar, de dar visibilidad a la necesidad del cambio. Si no lo haces desde dentro, ¿desde dónde podemos hacerlo?

El cuerpo es político, es también una forma de expresar un mensaje, de promover un cambio. Dolera estaba predispuesta a alzar su voz, a no ser un objeto, pero fue callada. Unas pocas valientes han tenido la oportunidad de compartir su discurso –recordemos a Patricia Arquette o a Viola Davis–, pero no podemos parar hasta que deje de ser algo meramente anecdótico y el mensaje sea compartido y cale, de forma muy honda, de verdad.

Ojalá no más voces mudas, ojalá no más alfombras machistas, ojalá no más techos de cristal.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *