VERSOS DE RIMA HOMOSEXUALIZANTE

Recuerdo cuando un Sant Jordi de hará ocho años, paseando por las Ramblas de Barcelona; un chico con una mentalidad tirando a cerrada (por suavizarlo) me preguntó si mi temática literaria preferida era la homosexual.

No.

Soy gay. Pero puedo sentirme identificado también con el amor de Romeo y Julieta, los celos y pasiones de El Perro del Hortelano, o divertirme con las historias de Enid Blyton, mi autora favorita de la infancia. Aún así, cuando alguien pone voz directa a lo que sientes, con las palabras y los personajes que te corresponden, sientes que te estás adentrando emocionalmente en un espacio que te pertenece. Como si el autor de ese libro te estuviera susurrando las palabras al oído. Y la poesía es probablemente el campo donde más emocional es esta sensación.

Todos conocemos a Federico García Lorca o Jaime Gil de Biedma, que tienen versos maravillosos y permiten entre ver sus amores y pasiones. Pero faltan voces, letras, palabras que lo digan directamente. Leer algo y decir: ¡Joder, sí, habla de mí! Gays que son gays, y que no se esconden en florituras. Me cabrea, y lo digo de verdad, cuando un cantante como Ricky Martin sigue cantando canciones de “Oh sí, nena, vente pa’ ca, que me ponen tus caderas”. Venga, que todos sabemos que eres maricón (no se me vaya a ofender nadie), tú mismo lo has dicho públicamente. Por qué no utilizas también tu forma de hacer arte (por decirlo de alguna forma) para reivindicarlo. Hacerlo público no es solo ponerse frente a un micrófono y decir: ‘Hola señores, soy gay’. No. Hay que utilizar el arte, la escritura, la música, la pintura… porque son las armas que tenemos.

Como decía, la poesía tiene la capacidad de expresar mucho en muy poco, y de hacerlo de forma muy directa. Porque cada verso puede llevarte a una historia personal, viajar entre las palabras, encontrarte después de cada rima (si es que la hay). Pero queda mucho por hacer, hay muy pocos poetas gays contemporáneos, que traten la homosexualidad en su obra.

En una librería de la ciudad condal me topé con un libro que me llamó más la atención por su forma que por su contenido; aún no lo había leído, claro. Todos los putos días de mi vida de Rubén Guallar se presenta en forma de diario semanal o agenda, donde el autor además de regalarnos sus versos también nos muestra dibujos, fotografías… Este libro, que en muchas de sus páginas me lanzó una espina directa al corazón, fue el que me hizo querer descubrir más autores contemporáneos, jóvenes, sin prejuicios, que hablaban de amor, de sexo, de sentimientos; sin tapujos. Sin tener que enmarcar su homosexualidad tras unos versos pintados en gris, sino diciendo ‘Estoy aquí, y vengo a contaros mi historia tal y como es’.

Esa corona que te viste de rey del mundo
es hojalata y purpurina hecha por chinos.
(…)
Es lo que queda
cuando se pisotea todo
lo que valió la pena.

Elvira Sastre, es una joven poetisa de Segovia, que con sus versos es capaz de abrirte en canal, sacar todo lo que hay dentro, darle cuatro vueltas y volverte a cerrar. A través de sus palabras puedes contornear el cuerpo curvo de una mujer, sentir el calor de unas manos al acariciar, y llorar por todos aquellos amores que pudieron ser y no. O que fueron. Pero precisamente eso: fueron. Tiene varios libros en el mercado, pero el que acabo de descubrir y recomiendo es La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida. No creo que haga falta decir nada más.

Voy a prenderte fuego
en este infierno de llamas congeladas
sólo para ver, mi amor,
quién de las dos se consume antes.

El último, que descubrí hace tan solo una semana y que me ha hecho escribir este artículo es el libro Niño marica de Óscar Espirita, con ilustraciones de Andrés Sierra. Da voz al niño que muchos hemos sido. A los problemas, aventuras y desventuras. A las atracciones. Leerlo me hizo conversar con el pequeño Juan Carlos, que aún a veces se siente resentido con el adulto que soy. Con el pasado. También con las patadas, los insultos y las pedradas. Pero por suerte, con los abrazos, las miradas y los primeros besos. Un libro más que necesario, una voz obligatoria.

Sin embargo

jamás fui capaz de abrir los ojos bajo el agua .

Yo también empecé a nadar como los perros

aunque yo fuera un galgo

y con el tiempo una sirena.

Tal vez es porque confío demasiado en el arte. O porque soy un iluso. Pero a lo largo de la historia la expresión artística siempre ha sido usada como bandera y pistola de las minorías, y de la lucha por un mundo mejor. No es suficiente con hablar de ello, hay que mostrarlo. Con palabras, con pinturas, con performance… Imaginad sino una serie española donde el personaje homosexual no sea mimetizado y ridiculizado hasta la saciedad.

¡Arriba maricones, lesbianas, transexuales… escribid! ¡Escribid versos de rima homosexualizante!

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