Iconos | HAUL

MUÑECOS ROTOS, PUNCHING BALL Y EL FUTURO DE LOS ICONOS TRASH

Vivimos en un mundo de usar y tirar. En una sociedad cortoplacista y frenética donde los placeres que disfrutamos son efímeros y fugaces; que necesita reinventarse continuamente (un saludo, Madonna), que si no lo hace está estancada (un saludo, Psoe) y que establecen, en esa inercia por el cambio y la renovación, un sistema donde el máximo interés y el motor de todo es el dinero.

Una muestra clara es el mundo del espectáculo, y nosotros somos partícipes de ello como espectadores. Ya no somos capaces de ver las 4 horas de película de Lo que el viento se llevó sentados en la silla, por lo que nos las dividen en dos (Harry Potter y las reliquias de la muerte, Sinsajo III) y nos cobran por cada una de las partes. Lo que busca la industria del show bussines es crear productos que sean de consumo fácil, rápido y que enganche. Y, si no engancha, otro producto vendrá. Y sino, otro más.

Belén Esteban, Donald Trump, Paris Hilton o la Terremoto de Alcorcón podrían ser paradigma de productos que han conseguido triunfar con moderado o alto éxito. Productos que no siempre han gozado de reconocimiento, que han sido ridiculizados, pero que han conseguido mantenerse con el paso de los años.

Esa ridiculización es un gran componente en esta clase de personajes, puesto que son tratados como bufones alrededor de los cuales hacer burlas en las que, muchas veces por su naturaleza amable, entrañable y buena, se prestan a participar.

Es curioso que, en los momentos en los que peor están (y aludiendo a un supuesto “interés mediático”, que no es más que interés por parte de la prensa de hacer caja) es en los que se convierten en el centro de las miradas porque por su vulnerabilidad, su educación o su paciencia, acaban tragando saliva y contestando con una sonrisa o evitando un enfrentamiento con la prensa.

Iconos | HAUL

Muñecos rotos del ayer

Los medios de comunicación actúan como orquestadores y como incitadores, pero somos nosotros los que mordemos el anzuelo y nos enzarzamos en hacer virales lo que ellos quieren. El público se ha convertido en un abusón en el que el patio del colegio es la sociedad del espectáculo, y machacamos hasta la in-saciedad a aquel que, muchas veces queriendo alejarse de las polémicas, implora que todo pare ya. Nos escudamos en “que son ellos quienes se lo buscan”, “que ya pasarán por caja o venderán más entradas gracias a ello”, “que precisamente viven de ser personajes” o en que “son mamarrachos” que no tienen oficio ni beneficio, poniendo en entredicho su calidad artística.

Iconos | HAUL

Punching Ball de hoy

Sin embargo todo tiene un final. Son innumerables las veces que, tras la muerte de un famoso, olvidamos esa ridiculización del personaje y comenzamos a llorar su muerte. Sustituimos las risas por aplausos, las burlas por los reconocimientos y, en definitiva, se les rescata como iconos verdaderos.

Iconos | HAUL

El futuro de los Iconos Trash. La muerte te hará un verdadero ICONO

Pese a que estas figuras sean maltratadas por la sociedad, muchas veces cuentan con una plataforma fan muy grande. La mayoría de sus seguidores salen a la luz a defenderlos cuando están en medio del huracán, pero otros guardan su gusto por ellos para su intimidad, convirtiendo a sus ídolos en Guilty Pleasure.

Esto ocurre porque ser seguidor de algunas de estas figuras muchas veces implica vergüenza y valentía (porque son personajes a los que se somete a escarnio público), pero también empatía e identificación con sus circunstancias o maneras de ser (digamos que sacan de nosotros ese San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas, que todos tenemos dentro).

Pues bien, desde aquí quiero animaros a decir bien alto que os gusta La Pelopony, que disfrutáis como enanos con Terelú o que Mireia de OT se merece el triunfo que en su día no le dieron. Yo, si fuera artista y me reconocieran lo que he hecho una vez muerto, me pondría muy triste.

Olvidaos de lo que los medios de comunicación quieren que oigáis, haced prevalecer nuestro criterio personal. Haced que nuestro niño interior se enfrente al gran público, al gran abusón. Os animo a ser Judas Tadeo porque quizá, por apoyarles, dejan de ser causas perdidas. Mejor eso que ser Judas Iscariote. No los traiciones, ellos no lo harían.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *