ENSEÑAME LOS PEZONES

‘La carne tirana esclaviza a todos’
Rosa Montero, La Carne (2016)

Me sorprende que se critique a Emma Watson por vestir transparencias en la portada de una revista, y que por ello se cuestiones sus ideas feministas. Me cabrea que por compartir una foto metido en la cama, te escriban desconocidos con la absurda pregunta: “¿Estás buscando guerra?”. Y me resulta curioso que por enseñar unos pezones, un culo, o el pene se bloqueen perfiles en redes sociales. ¿Por qué bloqueamos el cuerpo? ¿Qué miedo le tenemos?

Para mí no sirve la diferenciación entre fotografía artística y normal, aplicada al resto de artes. Deberíamos diferenciar entre contenido sexual y no. Una fotografía de alguien masturbándose: sexo. Un chico nadando como su madre le trajo al mundo: solo cuerpo. Porque el cuerpo, la carne, la materia que nos representa como seres humanos; nos acompaña desde que nacemos. Sin embargo, cuando morimos la desechamos. El cuerpo se convierte en la caja que contenía lo que realmente era la persona fallecida. ¿Por qué no tomarlo así cuando estamos vivos? El pudor que tenemos a mostrar y ver un cuerpo, no es más que el miedo a mostrar la intimidad. Porque creemos que lo más intimido que poseemos es el envoltorio que guarda la persona que somos.

Sin embargo, no nos cuesta nada postear en nuestros diferentes perfiles si nos hemos enamorado/desenamorado, lo bonitas que han sido las vacaciones – 358 fotografías como ejemplo -, lo tristes que estamos por la pérdida de un familiar o lo felices que nos hace haber ligado la noche anterior. ¿No es esto la intimidad? ¿Por qué debe serlo solo la carne?

Qué diferencia un tobillo de un glúteo, qué varía la piel de un pezón a la de un codo, qué cambia la carne del pene a la del antebrazo.  Yo mismo era de los que se quedaba junto a la sombrilla, esperando a tener la fuerza suficiente para quitarse la camiseta. Pero con el tiempo, he entendido que era una gilipollez. Más alto, más bajo, más gordo, más áspero… Sea como sea, cuerpo tenemos todos. Y es de las pocas cosas que nos pueden igualar a todos los seres humanos. Aunque lo tenga más gordo, mi culo muy probablemente consista en lo mismo que en el tuyo. Y ‘Si yo te doy mi culo es porque te lo quiero dar’, como diría Bad Gyal.  ¿Por qué vamos a darle una mayor importancia? Démosela al contenido, y no al continente. Y no quiero basarme en el típico mensaje de: la belleza está en el interior. El rollo Mr.Wonderful no funciona conmigo, por muy ñoño que parezca. Y porque la verdad sea dicha, igual que he conocido gente guapísima pero inútil por dentro, también los he conocido que no servían ni para una cosa ni para la otra. El problema está en no darse cuenta de que lo que nos diferencia a unos y a otros es lo que tenemos por dentro, lo que somos como tal. Que el cuerpo es cuerpo, y punto. Es como si todos los regalos, simplemente por el hecho de estar dentro de una caja nos parecieran el mismo.

Y este miedo, este pudor, esta indeterminación de la carne… es la que hace ver connotación sexual donde no la hay. Y que se censuren imágenes de gente desnuda, sin ver que no es más que un objeto hecho de carne.

Si vemos el cuerpo como objeto (que no de deseo), podemos verlo como material. También como arma. Y a lo largo de la historia del arte se ha utilizado como tal. Mona Hatoum, por ejemplo, llevó al límite la observación del cuerpo y la ruptura de esa intimidad que entendemos como perteneciente al ser humano con su obra Corps étranger (Cuerpo extranjero) de 1994. En esta instalación, la artista libanesa proyectaba sobre una superficie semejante a una mesa de operaciones vídeos grabados en el interior y exterior de su cuerpo. La grabación en formato circular quería romper con la propiedad del cuerpo y hacer partícipes a los espectadores de la obra, de cada uno de los orificios de su anatomía.

Es curioso que hace más de 10 años, ella ya quisiera realizar una crítica a la sociedad de la observación, dónde la privacidad cada vez es menor. Sin haber llegado a los límites, a los que gracias a las redes sociales hemos llegado hoy en día.

Mona Hatoum enseñó sus recovecos, que en comparación no se diferencian demasiado de los nuestros. Os invito a hacer lo mismo, a enseñar los pezones, el culo y lo que os venga en gana. Empecemos a tener un poco menos de pudores con el cuerpo, y un poco más con la mente.

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