UNA VISIÓN DE LA PENETRACIÓN COMO DOMINACIÓN

A todo hombre no heterosexual le han formulado la siguiente pregunta al menos una vez en su vida: “¿Eres activo o pasivo?“, un interrogante planteado acerca de una presunta ‘identidad’ –puesto que etimológicamente hace referencia al verbo SER–. Las respuestas a esta cuestión suelen encuadrarse en: “soy activo/pasivo/versátil/versátil más activo/versátil más pasivo…” Pero, ¿qué es ser activo, pasivo o versátil?

Una respuesta más o menos obvia es que se trataría de la preferencia de un sujeto a la hora de practicar sexo o tener relaciones sexuales. Es decir, estaríamos hablando de una identidad construida sobre la tendencia de una persona a uno u otro “rol” durante el sexo –uso “rol” entrecomillado porque, si bien es un término ampliamente utilizado, yo prefiero hacer alusión a gusto o preferencia–. Sin embargo, cuando hablamos de ser activo o pasivo estamos siendo testigos, y también participando, de una reducción y simplificación del sexo a una mera práctica: el sexo anal.

El sexo anal, así como la penetración en general, dominan las relaciones sexuales y alimentan el prejuicioso constructo socio-cultural que gira en torno a las mismas. Tendemos a simplificar las relaciones sexuales a la acción de penetrar y ser penetrado.

Pero no es algo que afecte simplemente a la presunta identidad de activo, pasivo o versátil –incido en presunta porque no considero que la predisposición a una postura genere una identidad–, sino que se trata de algo que va más allá. Por ejemplo, consideramos que una persona ha perdido la virginidad cuando ha penetrado o ha sido penetrada.

Otros ‘bromean’ ofensivamente con que las mujeres que mantienen relaciones con mujeres no follan dado que no existe obligatoriamente una penetración –hay juguetes y objetos que pueden utilizarse al respecto, pero no es necesario usarlos ni simular una penetración para tener relaciones sexuales–. Una amiga mía ironiza sobre el asunto al señalar que “todo el mundo sabe que las lesbianas no follamos”.

No obstante, hay mucho más detrás de esta simplificación: una concepción del sexo como dominación y poder que sucede en todo tipo de colectivo e identidad. Ya ocurría en la Antigua Grecia, cuando los maestros de la polis podían mantener relaciones sexuales con sus alumnos. La figura de autoridad podía penetrar al alumno, algo que no podía ocurrir a la viceversa. Es algo también patente en las relaciones heterosexuales, en las que se presenta al hombre como la figura masculina que domina a la mujer, que es penetrada, y a la que le se suele unir una imagen de debilidad e indefensión en el sexo.

A este respecto, cabría destacar un texto escrito por Octavio Paz –El Laberinto de la Soledad– acerca de la sociedad y el folklore mexicano. En el mismo, Paz hace referencia a que, según la cultura mexicana, la mujer es un ser “rajado”, “abierto” y que es denominado como “la chingada”. Como podemos observar, se utiliza la penetración como sinónimo de poder asociado a una violencia implícita en el acto que muestra una imagen de dominación por parte del hombre sobre la mujer.

Y las relaciones actuales entre hombres no están exentas de estas cuestiones. No son escasos los ejemplos que encontramos en los que se utiliza el término ‘pasivo’ de forma peyorativa, mientras que ser ‘activo’ suele ser interpretado como algo más codiciado, incluso de lo que algunos parecen sentirse orgulloso –¿cuántas veces nos hemos topado con gente que se autodenomina ‘activazo’?, o ¿en cuántas ocasiones una persona se ha indignado si has insinuado que era pasiva, como si un heterosexual negase ser lgtb?–. Asimismo, la imagen colectiva mental del chico ‘pasivo’ suele ir asociada a una persona menos corpulenta, más afeminada y con más pluma; mientras que el activo es una persona más “masculina”.

Se trata de la concepción del sexo como una lucha de poder, una dominación que, pese a que nos rebelemos contra ella, sigue latente hoy en día.

No obstante, y espero que nadie se escandalice, no sólo las mujeres que mantienen relaciones con mujeres pueden tener sexo sin penetración, los hombres también, y pueden ser igualmente satisfactorias y placenteras. Así que, hacedlo cómo queráis y con quién queráis, no dejéis que estas estructuras limiten vuestras experiencias, intentad disfrutar y siempre, siempre, usad protección.

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