NUEVA TEMPORADA, MENOS AUTENTICIDAD

De un tiempo a esta parte siento cierto desencanto hacia los programas de televisión. Creo que en lo que se refiere a reality shows y talents shows no hay temporada tan buena como la primera. Más allá de la pérdida del factor sorpresa por la novedad lo que provoca que estos programas pierdan frescura es el exceso de control bajo guion de todo lo que sucede en el programa dejando cero lugar a la espontaneidad.

Hay programas que están guionizados, lo sabemos y sus espectadores así lo esperan. Una muestra, son los programas que presenta Luján Arguelles como “Quien quiere casarse con mi hijo” o “Un príncipe para Corina”, que además cuentan con una sobresaliente edición y montaje. El programa dirigido por Chicote también está guionizado, ya que dudo que nadie se crea que semejantes lugares sigan abiertos después de una inspección de sanidad. O Gran Hermano, donde sabemos que siempre se seleccionan en el casting a las personas más conflictivas o con personalidades extrovertidas que provocan situaciones dentro de la casa.

Aunque es precisamente en este programa donde recuerdo una de las mayores muestras de guion mal ejecutado. En su edición Vip durante el duelo Belén Esteban/Ares Texido en el que los votos de la audiencia dieron un “inesperado” giro a favor de la protegida de Telecinco en el último momento. Por favor, que esto es Gran hermano, no una película de James Bond, y el contador de la audiencia no es una bomba a punto de estallar.

El reality de cuatro los Gipsy King, que trata sobre la vida de varias familias gitanas, empieza a flojear por lo mismo, echar a la familia de Jorge González por sosa, ya es un indicador más que preciso, pero si a eso le sumamos los spoilers que hacen los propios protagonistas, resulta más que evidente. Quien ve estos programas o lo hace porque le divierten, como es mi caso, o pertenece al colectivo que se muestra. Para los que vemos el programa para entretenernos y no por idolatría que los padres de la Rebe sepan que está roneando y que no va a contestar al teléfono antes de que pase provoca que te aburras y que creas que te ven la cara de tonto.

También, habría que separar la parte de espectáculo en un reality show y en un talent show, puesto que en un reality los personajes si son escogidos por tener una personalidad que destaque mientras que en un talent show los participantes han de tener habilidades especiales.

Un claro ejemplo para mi es Masterchef, que ha ido perdiendo gracia temporada tras temporada, aunque a pesar de la búsqueda de conflicto por parte del programada sigo viendo. La última temporada del programa de cocina ha sido el mejor ejemplo, meter a un grupo de gente odiosa, y bastante arpías, que aun siendo andaluces y teniendo su gracia natural, que solo  se dedican a criticar a sus compañeros y a hacer platos de puchero y llevarlos a la final sin tener mucho méritos entre los fogones le ha valido al programa para llevarse bastantes críticas negativas tanto de los espectadores, como de los medios de comunicación e incluso de algún ex concursante. Jugar durante semanas a dar pena con la separación de las hermanas gemelas y la tensión sexual entre una de los concursantes y uno de los chefs que conforman el jurado también resultaba repetitivo.

Y es que resulta muy difícil creerse que en un casting de miles de personas un tío que hace un plato con una patata medio cocida y tres pimientos colocándolos simulando un león sea de los mejores, pero es que se veía a la legua desde el momento que entró que le habían cogido por friki. Y yo me pregunto: ¿Si yo, que tengo alergia a cocinar veo esto y me indigno que pensará el tío que se haya presentado al casting sabiendo que es bueno?

Pues que todo está preparado y que lo que cuentan son las audiencias.

Pero como se suele decir, ¡él espectáculo debe continuar!… Ya decidiremos los espectadores si queremos verlo o cambiamos de canal.

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