TIEMPOS SABÁTICOS: CÓMO SOBREVIVIR A TU VIDA

Soy un afortunado. O no, según se mire. Hace unos meses mi estado anímico era deplorable. Y no sabía exactamente cómo enfocarlo. Mi trabajo me ocupaba muchas horas a la semana, demasiadas. No tenía tiempo para pensar, analizar lo que me estaba pasando, y afrontarlo. Y un día me senté a replantearme muchas cosas y decidí que tenía que dejar de trabajar y dedicarme unos meses a mí mismo.

“Dejar un trabajo en estos tiempos que corren” o “¿estás seguro de esta decisión?” fueron cosas que oí cuando comenté a la gente que tenía que dejar mi trabajo si quería estar bien anímicamente. Y claro, no está bien visto decir que me voy a dedicar a mí mismo. Pero fue lo que hice. Creo que la noche del día que dejé de trabajar fue la que mejor dormí en años. Porque sabía que al día siguiente tenía todo el tiempo del mundo para estar bien. Y así sucesivamente durante días, semanas, meses… Podía irme a pasear, mirar tiendas, ver a amigos, tomarme un par de cervezas a la hora que quisiera. Podía abrirme más en cuanto a sentimientos porque no tenía la preocupación de llegar triste o desanimado al trabajo. Y si un día necesitaba quedarme en la cama viendo películas porque mi cuerpo me pedía estar triste, lo hacía, sin remordimientos.

Y es que tomarse un tiempo sabático es algo que recomiendo a todo el mundo que pueda creer necesitarlo. Como en muchas películas o series que hemos visto, cualquier valoración negativa de esos meses dedicándose a uno mismo solamente trae otras mil valoraciones positivas. Freno de la ansiedad, recuperar kilos -quizás demasiados, todo hay que decirlo- que al no tener me hacían parecer un protagonista de ‘Dallas Buyers Club’, intento de recuperar autoestima sin forzar y sin presión, recuperación sentimental -a ratos, también hay que decirlo- y tener cada día más claro a qué me quiero dedicar en un futuro. Podría seguir con una larga lista de objetivos cumplidos -o por cumplir, como alguno de los anteriores- que centraron mi vida y que han hecho, sobre todo y siendo lo más importante, conocerme a mi mismo. Ser consciente de mi existencia y de quién soy.

Tener la mente descansada es el primer paso para que funcione. Al igual que nuestras piernas, nuestros brazos o espalda, cuando más resentidos están, peor nos encontramos. Y muchas veces nos olvidamos de la mente, de la cabeza, nuestro órgano más importante junto al corazón. En concordancia, los dos funcionan bien. Pero si se encuentran en puntos distintos es necesario estabilizarlos. Y muchas veces las preocupaciones de nuestra vida diaria nos hacen olvidarnos de lo más importante, que no es ni nuestro trabajo, nuestros estudios, amigos, familia o gente que nos rodea: nosotros mismos. Nuestra felicidad y bienestar. ¿De qué sirve tener ganas de hacer feliz a quien nos rodea si no somos capaces de hacernos felices a nosotros mismos? Pues justo eso conseguí tras tener un tiempo sabático de casi seis meses. El entender que si somos buenos, si pensamos en la bondad, en hacer actos buenos, solamente atraemos cosas buenas. Puedo estar sonando muy místico, pero así es nuestra mente.

Pero después del tiempo sabático, ¿qué? Básicamente las ganas de afrontar la vida con fuerza son mucho mayores. La expresión ‘me la resbala todo’ cada vez es más auténtica, casi un mantra. Porque al fin y al cabo, un tiempo sabático es un salto de fe. Y el hecho de que seas capaz de dar ese paso porque te importas y quieres estar bien es un gran paso para que en un futuro los problemas te afecten menos. He vuelto a trabajar con unas ganas que no tenía desde hacía mucho tiempo. He conseguido separar vida personal y laboral, y poner el chip de desconexión cuando salgo de trabajar para llegar a casa y pensar en mí y en mi vida, y a la inversa lo mismo. No puedo decir que estoy bien, porque no lo estoy, pero ahora soy capaz de separar problemas, luchar contra ellos uno por uno y ver hasta donde soy capaz de llegar. Si de verdad lo necesitáis y tenéis medios para hacerlo, no lo dudéis. Y si no podéis por los motivos que sea -intuyo que económicos especialmente- sed conscientes de que si estás bien, lo demás irá bien. Y de que no hay mayor enemigo que uno mismo. Que no os de miedo dejarlo todo, o cambiar de vida radicalmente. Si lo necesitáis, hacedlo. Y que nadie os frene, que bastante nos boicoteamos a nosotros mismos como para que lo hagan los demás.

David Marañon

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De pequeño no sabía lo que quería ser, lo único que hacía era no perder el tiempo. Con casi 25 años actúo igual, sin profesión fija pero con ganas de hacer cualquier cosa.

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