MANEL NAVARRO, ESPAÑA Y EL BULLYING

Ha llovido bastante desde la pasada preselección Eurovisiva en la que ‘unos pocos’ decidieron que Manel Navarro representase a RTVE  en el certamen Eurovisivo en Kiev. Y sí, digo bien: Representase a la cadena pública, pues no representa a la audiencia, que le dejó en tercera posición. Llama la atención que esto ocurra en una Televisión pública. Una decisión cargada de intereses particulares que se alejan de dotar al espectáculo musical Europeo de la importancia que merece. Lejos del snobismo de algunos que prefieren calificar Eurovisión como un espectáculo rancio y anticuado, es necesario hacer un alegato del festival y hablar de la actual situación eurovisiva cañí.

Tuvimos un representante que acudió a Kiev como un ‘mero trámite’ de promoción de su trabajo, un interés nulo por lo que representa el festival y por lo que significa Eurovisión para miles de seguidores, y una visión alejada del formato y me atrevo a decir, que una mala decisión en cuanto a promoción del artista. Manel despertó recelos entre seguidores del festival dentro y fuera de España. Un candidato impuesto por un jurado al que, supuestamente,  se le atribuyen intereses personales en que fuera esta la candidatura. Manel no era Eurovisión Y Eurovisión no era Manel.

Nos falta entender Eurovisión en conjunto. No vamos a ninguna parte entendiendo el certamen como un trámite en beneficio de un bien que no sea ganar Eurovisión. Hay que dejar de mirarnos el ombligo y pensar más en el festival y menos en el artista. Del mismo modo que Loreen no era nada sin Euphoria, Euphoria no era nada sin Loreen. Cuando algo no interesa, no puede hacerse nada a medida. Y eso es lo que nos falta en este certamen. El término ‘eurovisivo’ está muy manido, pero del mismo modo que fuera de nuestra fronteras Eurovisión es lo primordial, aquí es un trámite, la oportunidad de promoción y el proceso previo a vender un disco. Nos falta entender este festival como el protagonista, dejando que el artista se fusione con el concepto y ambas sorprendan por la capacidad de ofrecer algo nuevo. España en Eurovisión en 2017 es Eurovision en 2005 y así vamos año tras año con la losa de lo predecible, de la copia, y con los tópicos y argumentos de quién no entiende que la industria musical tienen que adaptarse a Eurovisión sí queremos dejar de hacer el ridículo.

Hay excepciones en esta historia: Barei, Ruth Lorenzo, Pastora soler… Artistas que brillaban en el escenario por su propuestas, por su carisma, su capacidad vocal y su producto. Un producto diseñado para ganar, pero que fueron estrellas fugaces en el universo eurovisivo patrio.

Una vez pasado el festival de la canción, es muy fácil ponerse a hacer el análisis que yo he hecho, pero aún así, lo difícil es hacerlo de una manera justa. Lo que no quiero hacer es subirme  al carro de la crítica a un joven artista que simplemente  se ha equivocado en el dónde, el cómo y el cuándo. Yo, como eurofan, doy mi opinión formada por haber visto desde hace más de 15 años el festival, pero no soy crítico musical, simplemente es una opinión más. Lo que no voy a hacer nunca es jugar al deporte español que más nos gusta: El bullying, esto es la crítica y la sorna pública a un joven cantante al que seguramente se le escapaba de las manos ciertas decisiones.

Es desalentador entrar en las redes sociales y asistir al linchamiento público a un artista que ha intentado representarnos en el Festival. Un gallo, una canción sin enganche, una puesta en escena infantil, un espectáculo que forma parte de la historia de Eurovisión y del que se pueden hacer miles de análisis, pero cuando a este análisis se le suma la falta de respeto, las bromas y el interés de las cadenas por ‘ahora sí’, hablar de Eurovisión y aprovechar para hundir a un personaje y un evento, me parece miserable.

Un joven que acaba de empezar su carrera musical y que tiene que asistir a bromas, chistes y ‘memes’ en Televisiones privadas y redes sociales, me hace pensar que el problema con Eurovisión y con la cultura en general, es que por envidias y falta de éxito personal, preferimos ver lo negativo en ‘el otro’, destacando lo malo,  la broma y en el insulto, en vez de valorar el trabajo y el esfuerzo que conlleva crear un espectáculo que nos deje en buena posición, y hacerlo constructivamente  y aprender de ello sin caer en la broma fácil cuando este trabajo no conduce al éxito.

Eurovisión es nuestro reflejo como país. Un país que prefiere quedarse en Twitter vomitando bilis, odio y envidia y que poco puede  hacer por cambiar las cosas quedándose en el insulto y en la descalificación. Y esto, señores, se llama Bullying. Bullying porque no estamos ya en igualdad de condiciones. Ya es pasado, y la ironía, el sarcasmo y la mala leche que no echáis sobre las frustraciones personales, los responsables de RTVE, y demás gente responsable de este desaguisado, la expulsamos en un cantante que ya difícilmente remontará artísticamente. Y no por su culpa, es que el pobre chico vive en España.

Es bastante hipócrita llevarse  las manos a la cabeza por todos los casos de Bullying que están saliendo y después alentar estos comportamientos en las redes sociales, solo por ganar seguidores e intentar ser graciosos por estos lares porque en nuestra casa no hacemos suficiente gracia. Si el objetivo es hundir y reírse de alguien que lo ha intentado hacer bien, conmigo no contéis. Quizás rascando un poco entre tanto chiste y falta de originalidad, encontramos las razones por las que en España triunfar es tan difícil y cagarla sale caro. Cuando triunfas, los envidiosos dudaran de las formas. Cuando fracasas, muchos se unirán al linchamiento para sentirse  que forman parte de algo.

Manel, aunque hubieses ganado, aquí no te hubiesen recibido como a Salvador, la gente tendría mucho tiempo que perder en Twitter buscando nuevos memes y nuevas víctimas a las que intentar hundir antes que intenten triunfar.

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